Veinticinco razones para seguir narrando cuentos

Hace 25 años nació un festival para valorar la palabra, para hacer que el ser humano disfrutase del valor de las historias, los cuentos o los versos usados como arte y comunicación.

No voy a enumerar una a una las razones que nos hacen seguir, pues son tantas como seres humanos existen en la tierra. Toda persona tiene derecho a recibir los relatos que nos hacen pensar, ser y diferenciarnos de una roca, de una brizna de yerba que arrastra el viento o del olvido que deja la lluvia cuando se va.

Y aquellos que tenemos la posibilidad de transmitir las historias tenemos el deber de abrir las puertas y ventanas y dejar salir las voces llenas de tesoros.

Un año extraño y oscuro, lleno de tristeza por la pérdida de tantos seres humanos en el mundo, alberga la celebración de este cuarto de siglo de palabras libres volando fuera de los libros. Veinticinco años son demasiados y, a la vez, muy poco tiempo para realizar nuestra labor.

Fiestas para cualquier edad, para la soledad y la compañía, para aprender y para sentir, para soñar y para pensar.

Pero este cumpleaños no necesita manifestaciones externas. Nuestra gran onomástica se celebra desde dentro, dejando que florezcan tantos años de palabras dentro de los seres humanos que nos han seguido año a año, mes a mes, día a día, minuto a minuto… Pues así son los cuentos, están dentro de nosotros siempre.

NOTA:
Este año hemos apostado por la seguridad y la austeridad, ante la gravedad de la pandemia queremos hacer público que hemos reducido en horarios y en número de público nuestra propuesta, propiciando que lo virtual forme parte también de nuestra programación. La seguridad de las personas se antepone a lo artístico y educativo, aunque hemos encontrado vías ante la adversidad para llegar más allá de los límites físicos.

Ernesto Rodríguez Abad

Director del Festival Internacional del Cuento

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